La historia en clave de apuestas

Matthew Webb apostó 10 libras a que el hombre pisaría la Luna antes del 1 de enero de 1970

Los juegos de azar son tan antiguos como el género humano. Prueba de ello son las excavaciones arqueológicas en las que se encuentran numerosas fichas, dados y otro tipo de juegos con los que los antiguos pasaban el tiempo intentando desplumar al rival, y que, hoy en día, nos ofrecen una gran información sobre la vida cotidiana de aquellas sociedades.

Sin lugar a duda, los antiguos fueron unos grandes apostadores, y el gusto por las apuestas ha sabido mantenerse con el paso de los siglos y ha evolucionado adaptándose a los nuevos gustos, anhelos y situaciones. Este interés por adelantarse al mañana nos ha dejado innumerables anécdotas que, si bien no suelen aparecer en los libros de historia, nos permiten acercarnos de un modo más personal a la forma en la que nuestros antepasados vivieron determinados acontecimientos.

La productiva ludopatía de Fiódor Dostoievski

Nuestro periplo por las apuestas más relevantes de la historia moderna arranca a mediados del siglo XIX y nos lleva a la alemana ciudad de Wiesbaden, a un sencillo hotel en el que el escritor Fiódor Dostoievski pasaba unos días antes de continuar su viaje a Paris. Aunque la situación económica del novelista no era para tirar cohetes, un día éste decidió probar suerte en la ruleta y, por mero entretenimiento, apostó un par de monedas. La suerte le sonrió… y él se prendó de ella. Tal y como relata en una carta que envió posteriormente a su hermano, durante su estancia en Wiesbaden inventó un sistema de juego con el que consiguió ganar, solo el primer día, 10.000 francos. Viendo que su sistema funcionaba, el escritor no pudo evitar entusiasmarse y perder la frialdad… lo que le llevó a acabar perdiendo todas sus ganancias y parte de las reservas que tenía para realizar su viaje. Esto fue solo el principio de una afición que le acompañaría toda la vida y que le traería alegrías y desgracias. Sin embargo, su ludopatía le sirvió de inspiración para la novela autobiográfica “El Jugador”, publicada en 1867.

Matthew Webb y su extrema autoconfianza

Nuestra siguiente anécdota tiene lugar pocos años más tarde y está protagonizada por otro personaje que se ganó su lugar en la historia; hablamos de Matthew Webb, el primer nadador que cruzó el Canal de la Mancha a nado. Convencido de sus habilidades, el nadador apostó 10.000 dólares a que sería capaz de bajar a nado los rápidos de las Cataratas del Niágara. La pérdida de los 10.000 dólares no le supuso un gran problema… ya que más de 10.000 personas vieron como moría en el intento.

Fe en Neil Armstrong

Tenemos que avanzar casi medio siglo para encontrarnos con nuestra última apuesta histórica de hoy. En plena Carrera Espacial, David Threlfall estaba convencido de que la humanidad pronto conquistaría las estrellas… por lo que decidió apostar 10 libras en William Hill a que el hombre pisaría la Luna antes del 1 de enero de 1970. Sus contemporáneos no parecían tenerlo tan claro, ya que las apuestas estaban 1000 a 1… y fue esta falta de fe la que le permitió a Threlfall embolsarse una cantidad suficientemente generosa como comprarse un coche deportivo. Sin embargo, la suerte es caprichosa e impredecible, ya que el “afortunado” ganador acabó perdiendo la vida en un accidente mientras conducía su deportivo. A día de hoy los más escépticos opinan que su premio no fue merecido… por lo que podemos encontrar apuestas que pagan 100 a 1 si se comprueba que el alunizaje fue un “amaño” estadounidense.

¿Tú que opinas? ¿Cuándo podremos “volver” a pisar la Luna? ¡Haz tus apuestas! Además de ganar, puedes asegurarte un hueco en la historia como nuestros protagonistas de hoy.

Estaremos encantados de escuchar lo que piensas

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